El filtro de habitáculo, un componente de salud y seguridad

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El interior de un coche no es un compartimento estanco y, por consiguiente, está expuesto a los agentes contaminantes y alérgenos que se mantienen en la atmósfera. Los vehículos, de hecho, generan buena parte de dichos elementos nocivos y, al circular, entran en el habitáculo, donde se acumulan irremediablemente si no se pone solución a ello.

Los filtros de habitáculo tienen, por consiguiente, la importantísima función de reducir la entrada de polución en el interior del automóvil y preservar de ese modo la salud de sus ocupantes.

Con el tiempo y los kilómetros recorridos, sin embargo, los microorganismos que se acumulan en el filtro impiden que cumpla adecuadamente con su cometido. Cuanto más tiempo pasa, mayor concentración de bacterias en el interior del vehículo y se reduce el flujo de aire fresco en el habitáculo. La ventilación se vuelve insuficiente y la humedad genera una especie de niebla que se adhiere al parabrisas y reduce notablemente la visibilidad del conductor. Entonces, además de la salud, también entra en juego la seguridad.

Por todo ello, es necesario prestar la atención debida a este componente de fácil comprobación y sustitución. Normalmente es accesible y no requiere herramientas específicas, de forma que para cualquier profesional es cuestión de segundos mostrarle al cliente el estado en que se encuentra y recomendarle el cambio.

Existen en el mercado del recambio varios tipos de filtros. Por una parte están los filtros de habitáculo que retienen las partículas (normalmente las superiores a 40µ). Con ellos se previene la entrada de la mayor parte de partículas en suspensión como polvo, polen, gases, etc.

El otro tipo de filtro es el de carbón activo, capaz de retener tanto las partículas como los olores, y reduce la entrada de gases nocivos.

 

La vida útil de un filtro de habitáculo puede ser muy variable en función del tipo de ambiente en el que se mueva el vehículo, aunque los desplazamientos urbanos y los recorridos por pistas no asfaltadas son los que más condicionan su duración.

 

En cualquier caso, los fabricantes especialistas recomiendan su sustitución como mínimo en cada revisión anual.

 

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