El Dieselgate de Volkswagen llega al taller multimarca

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Va a hacer dos años que estalló el escándalo del Dieselgate y, como era de prever, las consecuencias están a punto de afectar al taller multimarca. A partir de 2018, las ITV endurecerán el control de las emisiones de los vehículos –y también de los sistemas de seguridad, aunque todo esto es más fácil de decir que de llevar a la práctica-, lo que significa que el mantenimiento de los coches tendrá que ser más meticuloso. Necesitará de profesionales más formados y equipamiento de taller más sofisticado.

Era septiembre de 2015 cuando todos los telediarios abrían sus portadas con la noticia de que el Grupo Volkswagen, el mayor fabricante de coches del mundo, había desarrollado un software para engañar a los dispositivos encargados de homologar las emisiones de los motores diésel en EEUU.

Lo que empezó como el descubrimiento de una trampa para que el versátil 2.0 TDI pareciera más limpio de lo que en realidad era, pronto se fue extendiendo a la mayor parte de la oferta de propulsores del consorcio alemán, desde el 1.6 TDI (superventas en Europa) al 3.0 TDI V6.

Además, cosas de la globalización, pronto se descubrió que aunque el engaño tenía como objetivo pasar los controles en Estados Unidos, que es donde el pequeño grupo ecologista Clean Transportation destapó el fraude, a los responsables de VW les pareció bien ahorrarse la molestia de implantar un software legal para el resto de países, aunque tuvieran una legislación menos exigente con los diésel hasta ese momento, como por ejemplo en Europa.

La consecuencia, ya la sabemos: país donde se vendió un diésel del grupo, país en el que tuvieron que pedir disculpas, hacerse cargo de la revisión de los coches y, dependiendo de cada legislación, pagar la indemnización correspondiente.

No cabe duda de que Volkswagen se ha puesto las pilas desde entonces. Literalmente, porque una vez se tomó conciencia de las dimensiones de la estafa, sus dirigentes se propusieron limpiar la imagen de la marca prometiendo no solo que pagarían hasta el último céntimo que se les exigiera –y todo ello después de la cascada de dimisiones de altos cargos-, sino que además van a apostar por el desarrollo de vehículos eléctricos.

En el Salón de Ginebra de 2017, celebrado en marzo, después de recordar que el año pasado el Grupo Volkswagen vendió entre todas sus marcas de coches (Audi, Bentley, Lamborghini, SEAT, Skoda y Volkswagen) nada menos que 10,3 millones de unidades, Matthias Müller, CEO del grupo, aseguró que lanzarían 30 coches eléctricos de aquí al año 2025. “Vemos esta confianza en nuestras marcas y productos como la misión de seguir desarrollando y fabricando los mejores vehículos aquí y ahora”, explicaba en Suiza el directivo, convencido de que los clientes siguen viendo a sus marcas como productos solventes.

Ahora bien que Volkswagen haya convertido su crisis en una oportunidad no significa que esto no haya generado efectos colaterales. Muchas de las marcas importantes, especialmente alemanas y francesas, han sido investigadas por hechos similares. El lado más positivo es que parece que ha habido una concienciación generalizada y se está acelerando el desarrollo de vehículos cada vez más eficientes.

Pero, sobre todo, en todos los países se han puesto a legislar urgentemente, conscientes de que habían confiado demasiado en las grandes empresas del sector del automóvil.

Lo que ocurre es que, como suele ocurrir en tantas ocasiones, quienes no se van a librar de pagar las consecuencias de las malas praxis de otros son los que están más cerca del final de la cadena, es decir, el taller y el usuario final, que tendrán que asumir los costes de tener que superar unas revisiones más rigurosas.

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