¿Por qué el consumo de tu coche nunca es tan bajo como te vendieron?

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Una de las decepciones habituales cuando nos compramos un coche nuevo es que, en un uso normal, rara vez conseguimos los consumos anunciados por el fabricante. Por mucho que mimemos el pedal del acelerador, la media que aparece en el ordenador de a bordo acostumbra a  superar, con mucho, la optimista promesa de los 4, 5 o 6 litros cada 100 kilómetros que se asegura en el catálogo de nuestro coche. ¿Por qué?

Aunque la primera tentación es pensar que nos engañan, en realidad no es así. O al menos no del todo. El problema radica en que las condiciones en las que se hacen las mediciones para la homologación no son reproducibles en el tráfico real.

Para que una marca pueda homologar los consumos de cada uno de sus modelos, debe seguir las directrices señaladas en el denominado ciclo de homologación europeo NEDC (New European Driving Cycle). Dicho ciclo impone una serie de condiciones para la medición del consumo, como por ejemplo la temperatura ambiente o los kilómetros que debe haber rodado previamente la unidad de prueba o que solo vaya el conductor en el coche. La única forma en la que pueden reproducirse y repetirse con fiabilidad todas las condiciones es en un banco de rodillos ubicado en unas instalaciones adecuadas, de ahí que nunca se realice la prueba en una carretera abierta al público y rara vez en un circuito cerrado.

Esta homogeneidad garantiza que los consumos sean comparables entre las marcas, pero no tienen en cuenta variables con las que nos encontramos en carretera abierta, como el tráfico, la orografía, el viento o el tipo de conducción, esta última de gran importancia, ya que un conductor “de calle” acostumbra a utilizar la radio, cargar su móvil, usar el aire acondicionado… y, además, no suele estar entrenado para realizar una conducción eficiente.

Además, habrá quien lleve montadas las pesadas sillitas para los niños, así como todas esas cosas que se acumulan en el maletero, el segundo trastero de infinidad de hogares. A eso hay que sumar el hecho de que la conducción eficiente requiere aplicar, de forma consciente y concentrada, una serie de técnicas que no se resumen en circular despacio y ya está. En resumen, nada que ver con el ejercicio de laboratorio que se lleva a cabo en la homologación del coche. Pese a todo ello, en determinadas circunstancias, se puede igualar y mejorar el consumo que anuncia la marca.

Ahora bien, una cosa es que haya una discrepancia entre el consumo homologado y el que consigamos habitualmente en nuestra conducción diaria, y otra bien distinta que esta discrepancia sea muy superior en unas marcas u otras. El portal Diariomotor se hacía eco a principios de este año de un estudio que desvelaba que varios modelos de Mercedes-Benz eran, con diferencia, los que gastaban más combustible del anunciado en comparación con el resto, de lo que se deduce que sus técnicos son especialmente buenos a la hora de realizar la prueba de homologación, y quizá no tanto a la hora de conseguir que sus coches consuman menos combustible.

En cualquier caso, de lo que no cabe ninguna duda es de que, una vez el coche es nuestro, nuestra responsabilidad es asegurarnos de que cumpla siempre con las especificaciones del fabricante. Para ello, es imprescindible seguir el mantenimiento recomendado, a través de un taller de confianza que utilice recambios de calidad contrastada.

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