El cine y los coches ya no son lo que eran

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La relación entre los coches y el cine viene de lejos. Muchos de los personajes más famosos agrandaron su leyenda gracias a sus gestas –o sus desgracias- a los mandos de un automóvil, casi siempre de marca emblemática.
Uno de los casos más ilustres es el de James Dean, el eterno “Rebelde sin causa”, que fue tan conocido por sus dotes de actor como por su afición al mundo del motor, lo que le llevó a perder la vida en un accidente mientras conducía su Porsche 550 Spyder de camino a una carrera en la que iba a participar.
Grace Kelly, actriz devenida en Princesa de Mónaco, también perdió la vida en un accidente mientras volvía al principado en su Rover P6 3500, un acontecimiento del que se escribieron mares de tinta, especialmente por la posible responsabilidad de su hija Estefanía, que la acompañaba en el coche.
Hay, sin embargo, episodios de mejor recuerdo, como por ejemplo las épicas escenas protagonizadas por Steve McQueen y su Ford Mustang (en realidad fueron dos…) en la película “Bullit”, que contiene la mejor persecución rodada en el cine. También memorable fue el corto “Rendez Vous”, una locura filmada “sin trucos” por el centro de París una madrugada de agosto de 1976, durante la cual el actor francés Claude Lelouch circulaba a toda velocidad a los mandos de un Mercedes-Benz 450 SEL.
Lamentablemente, hoy los episodios más conocidos protagonizados por el automóvil en el cine se encuentran en la saga “Fast & Furious”, una serie de películas que se caracterizan más por el espectáculo de luz y colores –es decir, saltos y explosiones– que por el mimo y respeto al automovilismo. Basta con ver las excéntricas preparaciones a las que someten a los coches que aparecen para ver que el glamour de las estrellas de cine no solo lo han perdido los actores.

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