Baterías modernas, su cuidado y mantenimiento

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Los sistemas Start&Stop aplicados a los motores de los automóviles han cambiado radicalmente el panorama del mercado de las baterías. Los acumuladores tradicionales poco a poco van dejando mayor espacio en las estanterías a las EFB (batería húmeda mejorada) y las de plomo-ácido con tecnología plomo-ácido con separador de fibra de vidrio absorbente (AGM), tecnologías imprescindibles para que el sistema de parada y arranque automáticos funcione correctamente.

Los principios básicos de mantenimiento de una batería, sin embargo, se mantienen inalterados. El primero de ellos es que cuando la batería ha llegado al final de su vida útil hay que sustituirla por una equivalente, según las indicaciones del fabricante.

Si el coche no monta Start&Stop, instalar una batería de plomo-acido más pequeña de lo recomendado provocará un exceso de exigencia que acortará sustancialmente su duración, si es que llega a ser operativa. Además, su bajo rendimiento podría provocar averías en otros componentes del vehículo, sean del sistema eléctrico o no. Si se instala una más potente, en cambio, nos podemos encontrar con un problema de espacio en el vano motor o en el receptáculo donde se encuentre.

En el caso de que el coche tenga Start&Stop, instalar una batería convencional de plomo-ácido es la peor manera de ahorrar dinero, o la forma más fácil de acabar perdiendo a un cliente. Los sensores de este dispositivo necesitan una batería de última generación, que son las que permiten analizar de forma constante su nivel de carga para determinar cuándo se puede parar o no el motor.

En cuanto al estado de la batería, el método más preciso para comprobar su estado es utilizando un voltímetro, siempre unas horas después de haber parado el motor. Si su estado de carga es óptimo, debería señalar 12,6V. Por debajo de los 12,4V implica que habrá que recargarla y comprobar si es por antigüedad de la batería (la vida media se estima entre 3 y 5 años), fallo del alternador u otro componente del sistema eléctrico.

Las temperaturas extremas son los peores enemigos de una batería. Su rendimiento es menor en climas fríos pero, sobre todo, su vida útil se reduce drásticamente cuando se someten a altas temperaturas de forma sostenida, porque el calor puede provocar sulfatación y corrosión en su interior, de forma que los cristales de sulfito que se forman obstruyen las placas, lo que impide la carga adecuada. Si el coche ha de estar estacionado durante un tiempo, lo mejor es intentar resguardarlo.

Otra causa frecuente de fallo de la batería puede encontrarse en el estado de los bornes. Si están sucios harán un mal contacto, de ahí que sea necesario limpiarlos con productos adecuados (un cepillo, agua, bicarbonato, paño antiestático) y protegerlos con vaselina filante para evitar la corrosión.

Para recargar la batería es fundamental asegurarse de que se cuenta con un cargador adecuado, que cuente siempre con función de desconexión automática, y preferiblemente que sea electrónico, con un perfil de carga IU (carga a intensidad y tensión constante) o U (carga de tensión constante). Nunca cargar una batería congelada ni a temperaturas superiores a los 45ºC.

Y, en el caso de haber sufrido un accidente, es necesario comprobar que la batería no haya sufrido una fuga de electrolito.

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