5 razones por las que revisar los frenos del coche

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La irrupción masiva de la electrónica en los automóviles modernos ha sido clave para el incremento de la seguridad. Desde la llegada del antibloqueo de frenos ABS o del control de tracción (ASR) primero, hasta el control de estabilidad (ESP) después, la cantidad de accidentes –y vidas- que se han salvado es incontable. Además, hoy en día se están popularizando sistemas como el detector de peatones, el de fatiga, el de prevención de cambio involuntario de carril o el control de crucero activo, que permite mantener la distancia con el vehículo que nos preceden. Todos ellos son dispositivos que siempre permanecen alerta y actúan cuando el conductor no ha sabido hacerlo.

Los coches de hoy, sin embargo, en esencia son los mismos desde hace más de un siglo. Es decir, necesitan neumáticos para transmitir la potencia del motor al suelo y mantener la trayectoria marcada por el conductor a través de la dirección; necesitan un sistema de suspensión que absorba las irregularidades del terreno por el que circulamos; y, por supuesto, requieren un sistema de frenos que los detenga. Si alguno de estos elementos no se encuentra en condiciones óptimas, ningún dispositivo electrónico, por evolucionado que esté, será capaz de reconducir adecuadamente el coche si eventualmente perdemos el control.

En esta ocasión nos centraremos en el sistema de frenos del coche. Lógicamente, solo un profesional está capacitado para diagnosticarlo correctamente y realizar el mantenimiento y reparaciones que le correspondan. Sin embargo, cualquier conductor puede detectar posibles problemas. Basta con prestar atención a algunas de las señales más frecuentes:

 

  1. Vibraciones al pisar el pedal de freno: después de haber pasado un tramo con alta exigencia (descenso de un puerto de montaña con el coche muy cargado) y no haber hecho una refrigeración correcta, puede que nuestro coche tenga los discos alabeados (deformación de una zona de la superficie del disco).
  2. Pérdida de eficacia en caliente: en un uso exigente continuado, unas pastillas de mala calidad o unos discos muy desgastados pueden provocar este efecto.
  3. Chirridos al frenar: los motivos pueden ser muy diversos. Un problema con la lámina antirruido; polvo o partículas metálicas en las pastillas de freno; roce con la pinza de freno; pistón con dificultades para moverse; pastillas o discos en malas condiciones, etc.
  4. Pedal de freno con tacto esponjoso o recorrido largo: aun siendo síntomas diferentes, las causas pueden ser comunes y tienen que ver con el estado del circuito hidráulico o del líquido de frenos. Podemos encontrarnos con una fuga en el circuito, o que haya entrado aire, que alguno de los componentes del circuito esté roto o en malas condiciones (un latiguillo, una mordaza, etc.) o que la calidad del líquido no sea la adecuada.

Dureza del pedal de freno: las pastillas de freno no trabajan correctamente porque están engrasadas o bien cristalizadas. También puede deberse a que la pinza de freno tenga el pistón gripado, a que el cilindro maestro esté agarrotado o a que el servofreno esté averiado. Otra posibilidad es que los discos estén dañado o que el pedal necesite ser lubricado.

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