¿Cuándo hay que recordar al cliente que debe revisar su coche?

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Muchos conductores tienen la costumbre de acordarse de llevar su coche a la revisión justo antes de las vacaciones. Menos es nada, pero el buen profesional de la reparación debe asegurarse de que sus clientes están informados de las necesidades de mantenimiento de sus vehículos. Y, sobre todo, deben saber que tienen derecho a hacer la revisión de su coche en el taller que desee, aunque todavía se encuentre en garantía.

Aunque cada fabricante señala claramente los periodos de revisión de sus coches, estos plazos son, en realidad, algo así como unas recomendaciones mínimas, centradas sobre todo alrededor del cambio de aceite y filtros, que en muchas ocasiones se estiran hasta los 20.000 o más, o dos años. Sin embargo, no se suele tener en cuenta que cada conductor es un mundo y usa su automóvil de una forma diferente.

Pero, ¿qué pasa con los neumáticos por ejemplo? Como ya hemos explicado alguna vez, estos son los elementos de seguridad más importantes de un coche, y conviene comprobar su estado (nivel de inflado, desgaste, golpes…) por lo menos cada 5.000 km. Incluso la presión, para estar seguros, lo ideal sería comprobarla cada 15 días.

Otro aspecto a revisar con frecuencia es el nivel de los diferentes líquidos: aceite, anticongelante, frenos y agua del limpiaparabrisas. Se trata de operaciones muy sencillas, que ocupan poco tiempo y que contribuyen a mejorar la confianza del cliente en el taller.

Cuando se superan los 10.000 km, hay otros componentes importantes que pueden empezar a acusar cierto desgaste. Si un conductor acostumbra a subir bordillos, es necesario prestar atención al alineado de la dirección. También es recomendable controlar el sistema eléctrico, los guardapolvos, manguitos y las escobillas (estas suelen tener una vida útil de un año).

Los 20.000 km es un momento crítico en la vida de un coche. Ahí se establece en muchas ocasiones su primera revisión seria, en la que se sustituyen obligatoriamente el aceite y los filtros de aceite, aire y habitáculo, se revisan el estado de la batería y el alternador y se comprueban elementos clave de seguridad como las pastillas de freno. Su estado nos da muchas pistas sobre el tipo de uso del coche, y de su necesidad de hacer un seguimiento más frecuente de su estado.

Otro aspecto a tener en cuenta son las cerraduras y bisagras. Un buen engrasado les hará recuperar la fluidez de cuando eran nuevas y, una vez más, mejorará la impresión del cliente, que percibirá que se ha llevado a cabo una revisión a conciencia. Engrasar los rodamientos de las ruedas traseras también servirá para eliminar o prevenir ruidos en esa zona, y retrasar su desgaste.

A partir de los 30.000 km suele ser ya necesaria la sustitución de las pastillas de freno delanteras y, posiblemente, las traseras. Aprovechando la ocasión, se debería revisar el desgaste de los discos y ver si aguantarán en buenas condiciones hasta el siguiente cambio de pastillas. También es un buen momento para verificar el estado de manguitos y amortiguadores, así como el del aire acondicionado y el filtro de habitáculo. Por cierto, entre las recomendaciones al usuario, debemos recordarle que debe poner en marcha la climatización por lo menos entre 5 y 10 minutos cada mes, durante todo el año.

Más allá de los 50.000 km el coche requiere ya de una revisión a conciencia, en la que se reemplacen numerosas piezas sensibles para asegurar un buen funcionamiento del vehículo. Además del cambio de aceite de motor, líquidos y filtros (incluido el de combustible), líquido de embrague y frenos, aceite de la caja de cambios automática, también es necesario comprobar el estado de las bujías y cables de encendido (y ajustar de paso la inyección) y la correa de distribución.

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